Vidal i Barraquer, Francesc

(Cambrils, Tarragona 1868 - Friburgo, Suiza 1943)

a la versió original en catalą
Cardenal y arzobispo de Tarragona (1919-43). Nació en el seno de una familia de propietarios rurales y de profesionales liberales, cursó el bachillerato en el colegio de los jesuitas de Manresa y en el seminario de Barcelona, obtuvo la licenciatura de derecho en la Universidad de Barcelona, y el doctorado en la de Madrid (1900). Los estudios jurídicos le dieron la cultura y actitud cívicas que lo distinguieron de muchos de los eclesiásticos de su tiempo. Ejerció abogacía en Barcelona, y más tarde pasó al servicio de la Iglesia. Fue disuadido por el obispo Torras i Bages de entrar en la Compañía de Jesús, por motivos altamente religiosos. Cursó estudios de teología y de derecho canónico en el seminario de Barcelona y en la Universidad Pontificia de Tarragona, y obtuvo el doctorado en ambas facultades. Fue ordenado sacerdote en 1899 y permaneció con diferentes cargos en la curia arzobispal de Tarragona. Allí fue nombrado canónigo en 1907 y en 1911, a la muerte del arzobispo Costa i Borrás, fue elegido vicario capitular. Dos años después fue consagrado obispo titular de Pentacomia y nombrado administrador apostólico de Solsona. En 1914 los obispos de la Tarraconense lo eligieron senador. Renunció en 1917 a la mitra de Cádiz para poder contribuir a apaciguar les tensiones políticas y sociales de Cataluña. Esta actitud, unida a la defensa insobornable de la libertad y de los derechos de la Iglesia, constituyó el rasgo característico de su vida. Fue nombrado arzobispo de Tarragona en 1919 y cardenal en 1921. En 1923 renunció a ser presentado para la sede de Toledo. En los años de la Dictadura de Primo de Ribera defendió la libertad de la Iglesia, y mantuvo, con obispos de la Tarraconense, la lengua catalana como lengua normal de predicación y catequesis. No aceptó el traslado a la sede de Zaragoza en 1924, y dos años después se opuso tanto a la permuta con el obispo de Coria, Segura, como al traslado a Roma como cardenal de curia. Una vez proclamada la República en 1931, contribuyó a evitar incendios de iglesias y conventos en Cataluña. Fue elegido jefe del episcopado español a raíz del exilio del cardenal Segura. Se esforzó, con poco éxito, ante el gobierno provisional (con el presidente del cual, Alcalá Zamora, le unió una sincera amistad) en mitigar las disposiciones del proyecto de constitución que afectaban a los derechos de la Iglesia. Intentó también, en vano, que la Santa Sede aceptase a Luis de Zulueta como embajador de la República e informó al papa de la verdadera situación política y religiosa de España. En las conferencias metropolitanas fue partidario de dirigir colegiadamente con los arzobispos los asuntos religiosos y político-eclesiásticos de España, y en la preparación de los documentos colectivos buscó siempre la colaboración unánime de los obispos. Como presidente de la conferencia de metropolitanos (hasta abril de 1936), trabajó denodadamente en la implantación de la Acción Católica, a pesar de que las bases aprobadas por la Santa Sede para ésta, no respondían a su mentalidad, más dúctil y menos centralizadora. Siempre insistió en que los títulos primaciales en España fueran puramente honoríficos y deseaba que las diferentes sedes primadas extendieran su jurisdicción honorífica especialmente en las áreas geográficas a las que habían estado históricamente unidas. Defendió el título de primado de las Españas que tenia como arzobispo de Tarragona. La revolución estalló en Tarragona el 21 de julio de 1936 y fue forzado a refugiarse en Poblet como huésped de Eduard Toda i Güell. Unos milicianos de la FAI de Hospitalet de Llobregat le fueron a buscar allí. Temiendo por su vida y para no dejar abandonada la diócesis de Tarragona, creyó más apropiado que se quedase su obispo auxiliar, Manuel Borrás, pero este murió pronto asesinado. El cardenal fue trasladado a Barcelona con su secretario particular, Joan Viladrich y los consellers de gobernación y de cultura de la Generalitat, Espanya y Gassol, les procuraron poder ser embarcados hacia Italia en un buque de la marina de guerra italiana. Fijó su residencia en la Cartuja de Farneta, cerca de Lucca, hasta que en 1943 se trasladó a Suiza a causa de la ocupación alemana. Desde Farneta trabajó incansablemente en favor de la paz, de la salvación de sacerdotes y católicos que se encontraban en grave peligro en Cataluña, y más tarde del obispo de Teruel que estaba preso y que, lamentablemente, fue ejecutado por represalias de guerra. Se negó a firmar la carta colectiva del episcopado español del 1 de julio de 1937 a favor de la España del general Franco para poder llevar a cabo estas actividades y porque no creía apropiado, aunque fuera en aquellas graves circunstancias, que los obispos tomasen una actitud excluyente, en una guerra civil, a petición de una de les partes beligerantes. Por algunas de aquellas actividades, que se juzgaron antiespañolas, y por esta negativa, no se le permitió volver a su diócesis, la gobernaron en su nombre los vicarios generales Salvador Rial y Francesc Vives. No accedió, a pesar de las presiones del gobierno del general Franco, a renunciar a la sede de Tarragona. Presiones que no aceptó Pío XI, y que tampoco fueron toleradas por el cardenal Gomá ni admitidas por el nuevo papa Pío XII, elegido en 1939 en un cónclave en que tomaron parte los dos purpurados catalanes. En su testamento manifestó el deseo de que sus restos fuesen trasladados a la sede de Tarragona y enterrados cerca del sepulcro de su obispo auxiliar, Manuel Borrás. Esto se realizó, finalmente, en mayo de 1978.
[Miquel Batllori]

 

Traducción del texto de la entrada en la Gran Enclopèdia Catalana realizada Josep y Miquel Ibarz Vidal-Barraquer.
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Bibliografia bàsica